"La Peluquería"


 Nahuel tiene un síndrome que lo coloca dentro del espectro autista. Habla poco (repite cosas), no mira a nadie, no sonríe y tiene conductas automáticas, una de las cuales es masturbarse, tiene 17 años.

Jacobo es peluquero, tiene 50 años, es casado, y tiene un par de hijos. Jamás se había fijado en un varón, tiene fama de tomar bastante alcohol y sus clientes lo cargan diciéndo “Jacobo chupa”.

Al padre de Nahuel le costaba encontrar alguien que le quiera cortar el pelo a su hijo, entre otras cosas, todo era difícil para ellos, pero le preguntó a su peluquero, y Jacobo le dijo “traelo y probamos”. Lo llevó un día, cuando la peluquería ya estaba cerrada, para que pudieran estar más tranquilos, y para no molestar al resto de la gente. El primer día no fue fácil, al peluquero le perturbaba un poco la permanente masturbación del joven, pero lo soportó, el padre estuvo presente. Entonces, el peluquero dijo que no había problema, que lo llevara cuando quisiera.

Iban una vez por mes, más o menos. El padre de Nahuel había comentado a Jacobo que su hijo no miraba y no sonreía, pero el peluquero empezó a notar que a él si lo miraba y le sonreía, sobre todo mientras se masturbaba y repetía “Jacobo chupa”, primero pensaba que le parecía a él, pero se dió cuenta que no, y eso empezó a perturbarlo más todavía. 

Un día, mientras estaba cortando el pelo a Nahuel, el padre recibió una llamada telefónica, era de la escuela del hermano de Nahuel, tenía que ir. Le preguntó al peluquero si podía dejarlo, y Jacobo le dijo que sí, entonces el padre se fue.

Cuando se quedaron solos, Nahuel empezó a masturbarse y miraba a Jacobo y sonreía, entonces el peluquero se acercó y empezó a acariciarle la cabeza, después la cara, el cuello, y fue bajando por su cuerpo mientras lo besaba. Nahuel no hacía nada, el peluquero sabía que en general al joven no le gustaba que lo tocaran, pero tomó el riesgo. Entonces, Nahuel empezó a repetir la frase “Jacobo chupa”, y Jacobo chupó. Él no sabía por qué lo estaba haciendo, pero sabía que le gustaba, y también quería que Nahuel estuviera feliz.

Después se acostaron en el sillón, Nahuel sobre el peluquero, y estuvieron así un rato, hasta que el padre avisó que volvía.

Cuando se despidieron, Jacobo le dijo al padre que lo llevara una vez por semana, para retocarle las puntas. Nahuel estaba sonriendo, y repetía “Jacobo chupa, Jacobo chupa, Jacobo chupa”.


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