BRAILLE


 Sandra nació sorda y con un problema neurológico que también la iba a dejar ciega, entonces su madre se apuró a enseñarle las letras y los números, y después le enseñó a comunicarse a través del Braille sobre la mano de su interlocutor, el cual a su vez debía hablar sobre la mano de Sandra (era una mezcla de Braille y Morse). Esto si bien era la única manera de comunicación, era bastante limitante, eran muy pocas las personas que podían y sabían hacerlo.

Cuando Sandra tendría unos cuarenta años, alguien apareció en su vida, era Paloma, una joven psicóloga, que conoció el caso y le ofreció ayuda. Se preparó un tiempo. Primero habló con el hermano, y él le dijo a Sandra. Ella al principio tuvo miedo, pero después aceptó.

En la primera sesión, se sentaron una frente a la otra, muy cerca para poder hablar (con Sandra no era posible el diván). Sandra le dijo que ella reconocía a las personas a través del tacto, ella preguntó si podía tocarla, a lo que Paloma accedió (era natural).

A medida que el tiempo iba pasando, empezaban a hablar de muchas cosas, entre ellas, de sexo. Sandra nunca había estado con nadie, pero a ella le parecía que le gustaban las mujeres, tal vez por la transferencia, pero no, le gustaba las formas de la mujer. Paloma era joven, tenía veintidós años, estaba en pareja con un compañero de facultad, pero tal vez la transferencia o tal vez otra cosa le hacía sentir algo por Sandra. Entonces decidió contarle.

Se sentaron, como siempre, una frente a otra, muy cerca y Paloma empezó a contarle que se sentía atraída por ella. La paciente tomó su cara y empezó a hablarle, le dijo que a ella le pasaba lo mismo, mientras bajaba su mano por el cuello de Paloma, siguió hablando por todo el cuerpo, a la altura de sus pezones dijo que la amaba, Paloma metió su mano en la vagina de Sandra, y le dijo yo también te amo. Entonces, Sandra buscó la vagina de Paloma, y le recitó un poema de Borges.

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