Cinco milímetros
Felipe tenía piel de cristal, por lo tanto, siempre salía con mucho cuidado y era complicado el contacto físico, ya que al menor roce, su piel se ampollaba o se lastimaba. Por eso vivía entre algodones y era asistido por muchas personas.
Cuando cumplió 20 años, contrató a Tamara, ella era enfermera e iba a cuidarlo a la noche. Era alta y afrodescendiente.
A Felipe le gustó desde el momento en que la vió. Era la primera vez que se sentía atraído por una mujer así.
A ella también le atraía aquel pibe que aparentemente era frágil. Pero era muy lindo.
Los dos habían sufrido discriminación por su piel; ella además por ser extranjera. Eso también los unía. Y también había algo de morbo en ambos.
Además de enfermera, Tamara hacía acrobacia en telas, por lo que era más ágil que otra gente.
A los dos se les complicaba disimular lo que les pasaba, entonces lo hablaron. El dijo que era complicado pero que le encantaría sentir sus caricias. Y ella dijo que tenía una idea.
Esa noche mientras curaba sus heridas puso sus labios a cinco milímetros de la boca de él. Y él la beso! Después de curarlo, empezó a acariciarlo pero sus manos siempre estaban a cinco milímetros del cuerpo del joven. Lo hizo durante horas, y él podía sentir el calor de las manos, lo cual lo excitaba mucho.
Otro día ella le pidió que la acompañe hasta el gimnasio donde hacía acrobacia. Al llegar, le dijo que se acueste sobre una colchoneta que había preparado especialmente. Entonces, primero le pidió que cierre los ojos y luego que los abra. La vió desnuda colgada entre telas rojas a cinco milímetros de él. Era la primera vez que la veía completamente desnuda y le preguntó si podía tocarla. Ella dijo que le haga lo que quiera; él tocó un poquito con mucho cuidado, ella se balanceaba como un gran colibrí sobre una flor muy frágil.
Después de un rato él le dijo que quería penetrarla, que había algunas heridas que valían la pena. Entonces, ella corrió la tela que cubría su vagina y bajó muy despacio para que él pudiera penetrarla, empezó a bajar y subir provocando la penetración, y él la penetró muy despacio, muy lentamente. El sintió que estaba volando a cinco metros de altura.



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