La preceptora

 Adela es pelirroja, tiene unos 50 años, y es preceptora de una escuela secundaria en un pueblo del interior, al cual llegó hace cinco años. Martín es alumno de quinto año, y hace un tiempo se le despertó una esclerosis múltiple, que en un año hizo que sea usuario de silla de ruedas; es rubio, alto y tiene ojos claros. Adela es su confidente, le cuenta todo, tal vez porque ella estudió Psicología o tal vez porque si. 

Le cuenta que se siente bien, a pesar de todo, y que lo único que le preocupa un poco es que su novia de toda la vida lo dejó. Adela le dice que no se preocupe, que la otra se lo pierde, y él le dice que él también está perdiendo muchas cosas, que extraña el sexo. Ella le dice que por un motivo que ya le va a contar, ella también extraña el sexo.

Es la fiesta de fin de curso, Martín se recibe, Adela lo saca a bailar, están bailando un rato, él le dice que hace calor, y ella le dice vamos afuera, pero en lugar de llevarlo al patio lo lleva a la dirección, y antes de que Martín pueda abrir la boca ella está sin remera sobre él, y lo besa en la boca, y él se asombra pero le gusta. De pronto, descubre que su preceptora tiene un par de tetas enormes, y de pronto también descubre que hace unos hermosos petes.

Pero le falta hacer un último descubrimiento, cuando ella se saca la bombacha, él descubre un gran pene, y dice caramba!, ella dice todes somos diferentes, él asiente, ella está sobre él y ambos están cabalgando sobre la silla. Después, ella se da vuelta y él le pregunta si podía devolverle el pete, y le dice que si, lo hace, y entonces él dice que ya no extraña el sexo, ella le pide que guarde el secreto, y él le dice que ya cumplió 18, y que por lo tanto no están haciendo nada malo, pero que si ella quiere va a guardar todos los secretos que le pida.





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