El padre Pablo y la hermana Anabel

 Después de toda una vida de castidad y servicio, el Padre Pablo tuvo un ACV que lo dejó postrado, y lo mandaron a un convento donde las hermanas de la caridad lo cuidarán. 

La hermana Anabel es la que tiene más experiencia, así que ella es la encargada de ocuparse de Pablo. 

Pablo tiene más de cincuenta años, es un hombre flaco y alto. Anabel tiene un poco más de cuarenta, también es flaca y alta.

Una noche, cuando Anabel lo acuesta en su cama,


nota que Pablo tiene una erección y le pregunta cómo puede ayudarlo, él la mira avergonzado y le dice que no puede ayudarlo sin pecar, y ella se acerca y vuelve a preguntarle en otro tono: ¿cómo querés que te ayude papito? (para ese momento la monja ya estaba desnuda), el dijo haceme lo que quieras, entonces lo empezó a masturbar y luego lo montó, primero mirándolo y después dándole la espalda y por ende la cola.

El no paraba de orar y repetir que iban a ir al infierno, hasta que ella se dio vuelta, le pegó una cachetada y le dijo: callate boludo, ¿no ves que estamos en el paraíso?

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